jueves, 23 de julio de 2015

Edición ciento veinticuatro

Hace un poco más de un año estábamos a punto de sufrir la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Como casi siempre los candidatos a la presidencia fueron pura basura, pero en este caso se trataba de dos caballos de Uribe... En fin, nosotros en esa edición, de mayo de 2014, proponíamos que votaran por Robot, pues pensábamos que era la mejor opción para ser el presidente de la República. No sobra decir que no nos hicieron caso, y ahora todo el mundo llora...

Desde las oficinas de la decana de las gacetillas de cómic en Colombia, Robot, les regalamos esta edición digital, la ciento veinticuatro. Y les decimos también que chupen por brutos, que sigan llorando sobre la leche derramada por no haber votado por Robot a la presidencia de Colombia.


martes, 21 de julio de 2015

El fin del amor romántico y el diario de un putero


 “¿A quién le importa si una mujer decide cobrar por sexo?”, se pregunta Robert Crumb en el prólogo del libro Pagando por ello, memorias en cómic de un putero (Ediciones La Cúpula, Barcelona, 2001), del canadiense Chester Brown. Con un dibujo sencillo y minimalista, Brown nos conduce por sus experiencias con la prostitución en la ciudad de Toronto. El inicio del periplo de Chester Brown es sencillo: cansado de la entrega absoluta y las condiciones que supone mantener una relación romántica, decide romper con su novia Sook-Yin y resuelve, simplemente, ir de putas con la premisa de que en toda relación siempre se paga algo a cambio de poder tener relaciones íntimas.


Antes de dar el primer paso hacia el mundo del sexo pagado, el autor intercambia opiniones con sus amigos y colegas dibujantes Seth y Joe Matt, al igual que con su amiga Kris Nakamura, lo que nos permite como lectores asistir a diálogos donde la moral, la higiene, las normas, las opiniones subjetivas, las costumbres y los mitos alrededor de la prostitución y del amor romántico van ubicando a los personajes en diferentes posiciones. Claramente, el enfoque de Chester Brown es objetivo: si quiero tener sexo y no puedo acceder a él en el amor romántico, porque me es complicado manejar otros aspectos de ese tipo de relación, entonces simplemente pago por ello.


A partir de esa premisa, y después de indagaciones e intentos por relacionarse con prostitutas, Chester Brown consigue por fin su objetivo. De esa forma el relato toma vuelo porque el autor va contando, en una especie de diario con fechas y con las mujeres con que se relaciona, sus experiencias con el sexo pagado. El libro está dividido en capítulos, cada uno de ellos relacionado con una prostituta y con los encuentros con ésta. A veces, y como es lógico, va a visitar más de una vez a una mujer, entonces se estrechan más la relaciones y el autor nos regala, además de la consabida relación sexual dibujada, una conversación poscoito que muchas veces es más reveladora que el intercambio de fluidos que la precedió.



Pero el putero y dibujante es respetuoso en su relato, cambia el nombre de las prostitutas y, a pesar de que es dibujado, nunca se ve la cara de alguna de ellas porque las ubica sin mostrar el rostro o, simplemente, cubre su cara con un globo de diálogo. También cuida de dar una información detallada de la vida personal de cada una de las chicas con las que se acuesta. En todos estos sentidos Chester Brown es absolutamente respetuoso con sus encuentros sexuales, a pesar de que en los mismos su dibujo es explícito al punto de que podemos entrar en la intimidad de sus relaciones con las prostitutas y de asistir, como un típico voyerista, a las sesiones de sexo (como si fuera poco, el libro viene recomendado por algunas organizaciones y líderes de trabajadoras sexuales en Norteamérica).
La construcción formal del cómic Pagando por ello, memorias en cómic de un putero, es bastante atractiva quizás por lo que parece no mostrar: es un dibujo con pocos detalles y en un montaje con pequeñas viñetas. Chester Brown no hace alarde de grandes escenarios, mantiene casi siempre los mismos planos (medios, enteros y generales) y las posturas, en los momentos del sexo explícito, son completamente “normales”. Esto quizás reduzca la carga erótica, y hasta pornográfica, del cómic en su superficialidad, pero aumenta el interés por lo que el autor quiere mostrar más allá de sus experiencias con la prostitución: que la misma no debería tener una carga moral tan fuerte porque se trata de una relación entre adultos, con consentimiento de ambos. ¿Qué diferencia puede haber entre el sexo dentro del amor romántico y el de la prostitución, si ambos, al final de cuentas, tienen que ser pagados con algo? Parece preguntarnos Chester Brown a lo largo del relato, en sus encuentros con las prostitutas, en las conversaciones con ellas o con sus amigos acerca del asunto.

Este libro, además, va más allá de un simple diario de putas. Chester Brown ha agregado al final del relato en cómic una serie de anexos que explican no sólo la forma tan detallada y respetuosa como construyó el relato sino además, y más importante aún, sus opiniones sobre la normalización de la prostitución en Canadá, sobre cómo es vista esta práctica en un mundo machista y de doble moral, además de explicar el hecho de que la prostitución ejercida de manera libre, con el consentimiento de ambas partes, es una transacción normal y beneficiosa para quienes la practican.
Finalmente, y como lo vamos descubriendo, Brown desecha por completo el amor romántico y termina construyendo su vida sexual alrededor del sexo pagado. Pero no todo es vacuo y frío como parece, pues el mismo Chester Brown termina “enamorado” de una prostituta llamada Denise, o por lo menos teniendo con ella una especie de relación de monogamia donde, obviamente, el dinero está aún de por medio. El autor se despide del relato en una calle de Toronto, mientras conversa con su amigo y colega Seth y lo pone al tanto de su nueva relación de monogamia pagada: “Así que pagar por sexo no es una experiencia vacía si estás pagando por sexo a la persona adecuada”.

Álvaro Vélez (truchafrita)

miércoles, 20 de mayo de 2015

Edición ciento veintitrés

Una edición que vio la luz en abril de 2014, cuando salió en papel. Con las colaboraciones de Diego Guerra, Byron Vélez y Truchafrita. Aquí va, en digital, para deleite de chicos y grandes.



lunes, 13 de abril de 2015

Una bruja, un gato y un búho, dibujos de un travesti

Ese día Búho cumplió años y sus amigos, después de hacerle un mal comentario, decidieron resarcir su afrenta regalándole un cigarrillo de marihuana e invitándolo a lo que sería su segundo regalo de cumpleaños: toda una sorpresa. En medio de un mal vuelo montaron a Búho en un automóvil y lo llevaron donde su amigo común Warewolf Jones. En casa, los tres amigos: la bruja, el gato y Warewolf Jones, decidieron mostrarle su segundo regalo sorpresa a Búho: lo condujeron a una habitación vacía y, al someterlo, decidieron sodomizarlo. Después de un rato de vejación, Búho logró liberarse de sus amigos y estos celebraron, al unísono, el maravilloso regalo sorpresa que le habían dado a su amigo. Como era de esperarse, días después, Búho se sentía muy mal, ultrajado, mancillado, por eso la bruja y el gato decidieron alegrarlo regalándole un juego de video y una bolsa con marihuana; al final Búho sintió que esos eran sus verdaderos amigos.

Historias como estas aparecen en el libro de cómics Hechizo total (Ed. Fulgencio Pimentel, 2014), de Simon Hanselmann. Se trata de una serie de situaciones que, en su mayoría, involucran a tres amigos que viven juntos: una bruja, llamada Megg, el gato Mogg y Búho. Pero su relación es un poco más particular pues casi todo el tiempo se la pasan intoxicados de alcohol, marihuana, metanfetaminas y, quizás, porque no parece muy claro, de crack. Hay pipas y botellas por todos lados de la casa, además de un caldero donde Megg también parece mezclar drogas. Es una típica casa de yonquis.


A pesar de lo que se pueda pensar, Hechizo total no es un libro pesado, denso o depresivo; todo lo contrario, se trata de una serie de historietas frescas, con algunos pases de absurdo, de nihilismo, pero sobre todo muy divertidas e hilarantes. Las aventuras de estos tres, sumadas a las apariciones esporádicas del mago Mike y del casi impotable Warewolf Jones, son en muchos casos para reír a carcajadas (bueno, eso como siempre depende de los prejuicios que cargue a cuestas el lector). Megg y el gato Mogg son novios, y casi todo, incluso drogarse, lo hacen juntos. Búho, en cambio, siempre trata de corregir el rumbo de su vida, de dejar las drogas, de enderezarse, de conseguir un trabajo y una relación amorosa estable, pero todo parece torcerse y volver por el camino malo de la vida. Gran parte de las recaídas de Búho son causadas por sus amigos Megg y Mogg que, en parte, quieren burlarse de él y, por otro lado, no quieren que los abandone, o que abandone la vida de esta casi perfecta relación de trío de yonquis. Ese ir y venir de Búho, entre el buen camino y el tortuoso mundo de las drogas es parte del leitmotiv de Hechizo total. Búho es, en muchos casos, el muñeco de prueba de bromas pesadas de sus dos amigos.
Pero, aún más, Hechizo total es un libro que habla sobre la amistad, no importa en qué circunstancias se dé o bajo qué tipo de características. Megg, Mogg y Búho mantienen una relación férrea de amistad que los une en las aventuras, en la aburrida cotidianidad y en el consumo de drogas. Uno podría decir que el dibujo de Hanselmann refuerza esa cualidad especial en las historias de Hechizo total, pues sus cómics están dibujados de una forma naif, con un trazo sencillo y, en algunas ocasiones, con un coloreado básico en donde abundan los colores planos y primarios. Eso sí, también vemos una fuerte presencia de un verde amarillo, en el rostro de Megg y en las sustancias que consumen, que hace de este tono de color un distintivo estético del libro.


La vida del autor de Hechizo total es también muy particular. Simon Hanselmann (Launceston, Australia, 1981) viene de una familia descompuesta: su madre es una adicta a la heroína; criado por su abuela, vivió en medio del mundo del desempleo, la pobreza y las drogas en Launceston, una población con los más altos índices de criminalidad en Australia. Así que Hanselmann ha hecho lo de muchos autores, retratar su propio mundo, en donde se crio y lo que tiene alrededor. Una particularidad más hace que Hanselmann se destaque, pues es travesti, así que casi siempre se le puede ver en fotografías muy a gusto con sus vestidos de mujer. Incluso algunos han visto en esta actitud y en la existencia de la bruja Megg un álter ego del mismo autor.


Hechizo total es una obra que muchos puede considerar transgresora, fuera de lo políticamente correcto, que son características de algunas historietas que ya hemos visto antes en otros autores —en especial, los del llamado cómic underground norteamericano, de las décadas del sesenta y setenta, en especial figuras como Robert Crumb—. Pero Simon Hanselmann lo trae renovado, con nuevos giros que hacen, o vuelven a hacer reír y a divertir. Se siente un aire fresco en las obras de Hanselmann, sobre todo en estos últimos tiempos en donde la historieta, y en especial el formato de novela gráfica, ha tomado un tono tan adusto y serio (tan “adulto”, pensarán otros). Hechizo total nos recuerda que la historieta también es para reírnos, para sentir que cometemos alguna afrenta por leer algo que parece inmoral, impúdico, escabroso, prohibido.

Álvaro Vélez (truchafrita)

miércoles, 18 de marzo de 2015

Edición ciento veintidós

Sin decir mucho, y esperando que esta edición digital diga algo, presentamos el número 122 (marzo de 2014) de la gacetilla robot. Adelante, a leer y olé.


viernes, 16 de enero de 2015

Edición ciento veinte y ciento veintiuno

Así, con unos colores mariconcitos empezábamos el año de 2014. Además de la homosexualidad, latente los pigmentos del papel y la tinta, también empezábamos el año pasado con una edición doble (justo como empezaremos este 2015, una edición doble que saldrá en papel la próxima semana), correspondiente a los meses de enero y febrero del mencionado año.
La palabra "año" y "ano" son muy parecidas a simple vista, sin embargo una sola rayita (curvada) sobre la letra "n" hace grandes diferencias. No estamos seguros si lo mismo sucede con esta edición doble de la gacetilla Robot, nos referimos a que si los colores gay de esta edición 120-121 hacen justicia con un contenido acorde a su primera visualización o, si al contrario, lo que dice es muy diferente a lo que muestra a primera vista...
No sabemos si hemos sido lo suficientemente claros con el símil anterior, si no lo fuimos no importa (nada importa de todas maneras). El caso es que dejamos esta edición digital, como es habitual, para que usted se deleite con las colaboraciones de Nomás, Luto y Truchafrita, además de unos textos preparados por nuestro equipo de niños esclavos (por eso la mala ortografía y la sintaxis en esos textos, aunque como dicen por ahí "los esclavos nunca sobran").
Hágale, lea esta edición y nos espera hasta la próxima semana cuando salga en Medellín la edición doble (131-132), en papel, de la inmortal gacetilla Robot.




viernes, 12 de diciembre de 2014

Un viaje del corazón

La historia comienza con algo de oscuridad y misterio: unas viñetas iniciales que parecen el recuerdo de algo, de un algo vago, olvidado; después nos vamos directamente a un ring de boxeo en donde los pugilistas parecen enfrentarse por minucias, como siempre parece que sucede en la mayoría de los combates de boxeo. Estamos en el inicio de Come Prima, una novela gráfica de Lionel Papagalli, quien usa el seudónimo de Alfred (dibujante nacido en Francia en 1976), y desde esas primeras páginas ya muestra una contundencia, una cadencia y el buen manejo de la narración y el dibujo en comic.

Come Prima (que traduce “Como antes”, pero ha sido editado en español con el título original. Ediciones Salamandra, Barcelona, 2014) es la historia de dos hermanos, Fabio y Giovanni, quienes emprenden un viaje desde Francia hasta Italia. Fabio, un boxeador de medio pelo, dejó su hogar, en Italia, desde adolescente, y Giovanni ha decidido viajar hasta Francia en busca de un reencuentro. La excusa para llevarse a su hermano mayor de vuelta a Italia es organizar la herencia tras la muerte de su padre, quien por cierto ha viajado con Giovanni, o por lo menos lo ha hecho lo que resta de él: una urna con sus cenizas.
La novela gráfica será entonces una especie de roadcomic (si es que el término se puede usar), una historieta de carretera en donde los dos hermanos, con la compañía de las cenizas de su padre y un perro, que luego recogerán en el camino, vivirán una suerte de situaciones en donde el misterio de la huida de Fabio, de la Italia de su infancia y adolescencia, se iráaclarando. Las diferencias del hermano mayor con su padre, por su simpatía con los camisas negras fascistas, la traición al sindicalismo y la orientación de izquierda del difunto padre, y los golpes que recibe Fabio de su progenitor, cuando el hijo le cuenta sobre su decisión de formar parte de las filas de Duce, configurarán parte del cuadro del pasado que apenas comienza a resolverse para sus protagonistas.

El Simca 500, en el que van desde Francia hasta Italia, se convertirá en el escenario de muchos de sus desencuentros en la carretera, pero también el pequeño automóvil y su recorrido servirán para que los lectores disfrutemos de los paisajes bellamente dibujados por Alfred: el paso de ciclistas por la carretera, la parada en la orilla de un lago, el cruce del ferrocarril, la estadía y el paso por algunos pueblos, posadas y bares al lado de la zigzagueante carretera, los árboles, los campos cultivados, las nubes, los colores de cada ambiente y ruta por la que van los hermanos aparecen a los ojos del lector como otro personaje. Alfred también nos va contando algo de ese pasado que distancia a los hermanos con las conversaciones entre ambos, en donde vamos atando cabos, pero también con la irrupción cada tanto de secuencias de viñetas que nos muestran cuadros de ese pasado, de la infancia de Giovanni, de la adolescencia, de la aparente rebeldía y de la huida de Fabio.

Cada uno de los hermanos tiene algo que callar, o incluso que ocultar, pero poco a poco todo nos será develado. Viajamos con Fabio y Giovanni por su pasado y, obviamente, por su presente. La relación, que en un principio era muy tensa, terminará suavizándose con el correr de las horas, con la conversación entre dos hermanos que, al fin y al cabo, se quieren de verdad. La llegada nos deparará una última sorpresa, la posibilidad de Fabio de reconciliarse definitivamente con su pasado.
En Come Prima parece que su autor ha puesto toda la carne en el asador: un dibujo entrañable, que hace del viaje de carretera de los dos hermanos un disfrute para el lector; unos colores que aumentan las sensaciones de los que estamos leyendo; una narración íntima, serena, pero también dinámica, fuerte y contundente que muestra las profundas emociones que embargan a sus personajes, y un manejo del lenguaje de la historieta que nos hace ver y pensar el pasado y el presente de Fabio y Giovanni. Es una historia, en todos los sentidos, muy bien lograda, no en vano Come Prima fue premiada en 2014 como la mejor obra en el Festival Internacional de Cómic de Angulema (Francia), que es quizá el festival más importante de historietas en el mundo.

Fabio parece tener una última oportunidad para reconciliarse con su pasado; quizá lo logre porque al llegar a Italia ya es muy diferente al Fabio que partió de Francia, en parte de eso se trata el viaje, porque, como sabemos, no solo se trata de cambiar de un sitio a otro. Esa es la sensación que se tiene cuando se lee la última viñeta y se cierra el libro de Come Prima: no solo ha sido un viaje de Francia a Italia, también ha sido sobre todo un viaje del corazón.

Álvaro Vélez (truchafrita)

viernes, 28 de noviembre de 2014

Edicion ciento diecinueve

Mientras vemos la salida esta semana, y en papel, de la edición 130 de la gacetilla Robot, recordemos esta edición 119 (de diciembre de 2013) que levantó ampolla en algunos sectores políticamente correctos (por aquello de que la pluma puede ser mas eficaz que la espada, nos imaginamos).
Aquí va, nos vemos en las curvas: